No se lo digas a Nadie (Don´t tell anyone)

Corriendo sin parar en una avenida llena de autos, camiones, motos y transporte de pasajeros. Erika tenía algo que alcanzar y no recordaba. Solo corría sin parar por esas avenidas. En esa tarde lluviosa se metía entre calles, entre los autos, entre la gente; veían una persona correr y correr sin parar. Llego un momento en que Erika sabía que había que tomar aire sin embargo, se sentía bien, con energía. El dolor en la rodilla izquierda había desaparecido, no más dolor gracias a esa perfecta salud que ahora disfrutaba.
De repente, la imagen de una misma casa de repetía sobre esa calle de un suburbio muy conocido y muy reconfortante. Un suburbio lleno de buenas personas, con casas del mismo tamaño, casi con el mismo color, los autos estacionados en sus garajes y los verdes jardines de cada una. La tarde casi desaparecía en el cielo negro que anunciaba el anochecer inminente. Erika seguía corriendo en una velocidad más lenta, a cada paso dejaba que la velocidad la llevara hasta donde alcanzara y en un momento solo caminaba observando con tranquilidad que ese lugar era conocido. Por un momento de lucidez se pregunto en la cabeza ¿A dónde voy?
Mientras caminaba sobre esa calle que parecía no terminar, las personas que había visto desde un inicio ya no estaban. Mientras se acercaba la noche las casas empezaron a encender sus luces externas solamente. Erika no entendía aun el motivo de su paseo o de su correr tan apresurado sobre las calles, aunque lo que quería era únicamente estar en casa por algún motivo, por alguna situación que aun no comprendía. Caminaba y caminaba viendo los suburbios sin razón alguna, observando cada detalle como si nunca los hubiera visto. Al final de la calle se encontraba su casa. Una preciosa casa blanca con una puerta de color café madera que se encontraba cerrada, con el garaje de lado izquierdo, una chimenea apagada y las ventadas con cortinas blancas. En las escaleras de la puerta estaba sentada una niña, blanca como la luz. Con ojos muy claros azules y una mirada muy tranquila. Un vestido blanco que cubría sus piernas dobladas y un velo blanco tejido. Erika se acerco a ella con extrañeza mientras la niña se levanta su cara para mirarla.
– Quien Eres?! -pregunto Erika muy extrañada.
Con voz dulce la niña respondió – Pensé que te habías perdido.
Erika no entendía que quería o quién era, se sentó junto con ella para volverle a preguntar, sin embargo, la niña siguió su dialogo:
– No hay muchas personas por aquí , así que me habían dicho que podía platicar contigo. Te vi desde hace rato corriendo y cuando entraste a esta calle de inmediato te reconocí, así que bienvenida.
-Pero, quien eres?! Yo vivo aquí y tengo… que……. – por supuesto Erika no recordaba que tenía que hacer o de donde venia. – … yo se que está mi madre esperando. Ya es de noche y como todos los días ya debe estar la cena lista y al terminar irme a dormir. Mañana tendré que ir a la escuela y … preparar.. mi…
Poco a poco, Erika describía sus actividades para el día siguiente, como si las estuviera viviendo en ese momento; veía su amanecer, sus hábitos de limpieza, su preparación para salir.
– Tranquila. –Mencionó la niña de blanco. – Todo eso quizás cambia de ahora en adelante.
-Pero quien eres? Donde vives? -replico Erika con una gran duda.
– Aquí, contigo. Hemos compartido muchas cosas juntas. Hemos jugado con muñecas, hemos estudiado juntas, hemos paseado juntas.
Erika con una mirada de asombro trato de recordar a esa niña. Quizás era una hija de la vecina del 18 que en algunas ocasiones la cuidaba mientras la madre salir a divertirse con aquellos “amigos” que venían hasta su puerta para llevarla muy lejos de su realidad y que no le importaba dejarla sola y que Erika misma se ofreció a cuidarla una vez .
– No te recuerdo muy bien – repetía Erika con una voz de duda muy profunda. – Bueno, pasa. Adentro me cuentas donde vives y llamaremos a tu mamá para que venga por ti.
– No es necesario, de hecho tendremos que ir juntas, ya que nuestra casa está en otro lado.
– Espera! Yo vivo aquí y tú debes de vivir cerca. Cuál es tu nombre?!
– Eso no es importante ahora. Tenemos que empezar a caminar. – Decía la niña con un aire de tranquilidad y de certeza que Erika no podía comprender. ¿Cómo es que esta pequeña estaba tan segura de lo que decía? ¿De dónde prevenía ese aroma a nardos?
Erika volteaba a ver su casa; todo estaba apagado, a obscuras y las puertas y ventanas cerradas. Se empezó a buscar en sus bolsas del pantalón las llaves sin éxito “seguro que las tengo por aquí!” Se repetía en su mente mientras buscaba, pero no las encontró.
La niña la tomo de la mano se levanto y Erika le arrebato la mano. – Espera! A donde vamos?
-De verdad no recuerdas nada?! –mientras Erika la miraba con una duda mayor.
-Que te pasa Erika? Recuerdas?! De dónde vienes?! Que haces aquí?!
Erika quiso responder esas preguntas pero no recordaba nada. No tenía palabras para responderle a esa niña.
-Erika, no se lo digas a nadie… pero estas muerta!
Erika empezó a temblar y se paralizo por completo. Al ver a la niña de pie se percato que esta, debajo de su falda no tenía pies. Flotaba en el aire y un humo blanco cubría el lugar donde la niña estaba.
Erika salía de la de su clase de francés que tenía todas las tardes después de comer y se dirigía a su casa. En esta ocasión, Miguel no podía acompañarla, fue a su partido de futbol con los de su cuadra y se despidió de ella. Erika empezó a caminar pensando en su próxima evaluación que era muy importante para solicitar su intercambio y viajar a Paris. Sin darse cuenta llego a una esquina poco iluminada donde de la nada salieron dos tipos; uno traía una navaja en la mano y se la puso a Erika en el cuello. – Dame lo que traigas!” le dijo. Erika paralizada de miedo, temblando les dio su mochila llena de cuadernos y libros. El otro saltante se la arrebato mientras el de la navaja mantenía firme su mano con el arma. “no trae nada” le dijo. Erika en ese momento quería correr sin parar hasta llegar a casa, sin embargo, la navaja fue más rápida que su intento por escapar. LA yugular abierta dejaba escapar toda la vida de Erika y los asaltantes con ella. Sin gritar, en shock Erika solo tenía una idea en mente: correr sin parar hasta su casa y refugiarse en los brazos de su madre.
Erika.- Mencionó esa alma pequeña que fue enviada desde el cielo. –Es hora de caminar. Nos esperan.
Mientras caminaban, Erika veía como se alejaba poco a poco de su casa de la mano de esa niña que la había cuidado desde hace mucho, pero que en esta ocasión había fallado.
-Erika. No le digas a nadie….

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